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Cumplimiento

Dos leyes todas las empresas deben cumplir en Chile

12 de junio de 20266 min de lectura124 visitas

Hay una idea cómoda sobre el cumplimiento que conviene desarmar antes de que te cueste caro: la de que cumplir una ley es tener el documento. El protocolo firmado y guardado en una carpeta, la política de privacidad publicada en el sitio, el reglamento interno con su última versión. Durante años eso bastó para quedarse tranquilo. Dos leyes chilenas recientes terminaron con esa tranquilidad. El papel sigue siendo necesario, pero dejó de ser suficiente, porque lo que hoy se fiscaliza es lo que haces después de firmarlo.

Las dos obligan a casi cualquier empresa, no solo a las grandes ni al sector financiero. La Ley Karin, la 21.643, rige desde agosto de 2024 y le exige a todo empleador prevenir e investigar el acoso laboral, el acoso sexual y la violencia en el trabajo. La Ley 21.719, la nueva ley de protección de datos personales, fue publicada a fines de 2024 y entra en vigencia plena el 1 de diciembre de 2026, cuando una agencia recién creada empiece a fiscalizar cómo tratas los datos de tus clientes y trabajadores. En materia no se parecen en nada: una trata la dignidad en el trabajo y la otra la privacidad. Lo que las une es cómo se cumplen.

Cumplir se parece más a operar que a archivar

Un proceso, a diferencia de un papel, te pone dos exigencias que no perdonan. Una es el reloj, porque estas leyes corren plazos que vencen aunque nadie esté mirando. La otra es la prueba, porque no alcanza con haber actuado bien si después no puedes demostrar, paso a paso y con fecha, que actuaste cuando correspondía. El día que llega una solicitud, una denuncia o un fiscalizador, lo que te respalda no es el documento que firmaste hace un año: es el registro de todo lo que hiciste desde entonces. Y para que ese registro sirva como prueba, y no como una planilla que cualquiera pudo retocar la noche anterior, tiene que poder demostrar que los hechos ocurrieron tal como dice y en las fechas que dice.

Ley Karin: cuando entra una denuncia, empieza un cronómetro

Tómalo con la Ley Karin. El momento en que entra una denuncia de acoso no abre un trámite: echa a andar varios relojes a la vez. Las medidas para resguardar a quien denuncia son inmediatas; la investigación interna tiene treinta días hábiles; y avisar a la Dirección del Trabajo, derivar el caso, remitir el informe y aplicar las sanciones tienen cada uno su propio plazo, todos contados en días hábiles que descuentan fines de semana y feriados chilenos. Calcular eso a mano en una planilla, mientras además llevas adelante una investigación delicada, es justo el punto donde las cosas se caen. Y si te pasas, la Dirección del Trabajo tiene un catálogo de infracciones con multas en UTM que escalan según el tamaño de la empresa. Buena parte de esas sanciones se gatillan por haber llegado tarde a un plazo, no por el fondo del caso.

Por eso, cuando construimos nuestro canal de denuncias para la Ley Karin, lo primero no fue un formulario bonito, fue un motor de plazos. Cada caso lleva su cuenta regresiva en días hábiles, con los feriados ya cargados, y un semáforo que pasa de verde a ámbar a rojo antes de que un vencimiento se te encime. El expediente completo, desde la denuncia anónima o identificada hasta el cierre y la eventual derivación a la Dirección del Trabajo, queda guardado en una cadena donde cada paso se sella con una huella criptográfica que depende del paso anterior. Cambiar una fecha o borrar una actuación más tarde rompe esa cadena y deja el rastro a la vista, así que el registro no solo cuenta lo que pasó: prueba que pasó cuando dice. Eso es lo que de verdad le muestras a un fiscalizador, y es algo que ninguna carpeta de documentos te puede dar.

Ley 21.719: el consentimiento que hay que poder probar

La Ley 21.719 te deja en una posición distinta, con la misma lógica de fondo. Te exige poder probar el consentimiento con que tratas los datos de una persona, no apenas tenerlo declarado en un texto. Que cuando alguien ejerza un derecho sobre sus datos, ya sea pedir acceso, rectificación o que los elimines, le respondas dentro de un plazo legal de treinta días. Que si sufres una brecha de seguridad con riesgo, la reportes a la Agencia en cuestión de horas. Nada de eso se resuelve con una política de privacidad publicada en el sitio. Se resuelve teniendo, para cada persona, el registro de qué aceptó exactamente y cuándo.

Nuestra plataforma para esta ley guarda, de cada consentimiento, una copia del texto exacto que la persona aceptó en el momento en que lo aceptó, y no una versión genérica que después alguien editó. Cada solicitud de un titular corre con su plazo de treinta días y su acuse de recibo automático. Y cada uno de esos hechos queda sellado en la misma clase de cadena, donde cada eslabón lleva la huella del anterior, así que el día que la Agencia pida pruebas la respuesta ya está armada: un historial fechado que se puede auditar entero y que nadie pudo reescribir después. Cuando empiece la fiscalización a fines de 2026, la diferencia entre cumplir y parecer que cumples va a estar justamente ahí, en si puedes abrir ese historial o no.

Lo que deliberadamente no aparece: inteligencia artificial

Habrás notado algo en las dos descripciones. En ninguna aparece la inteligencia artificial, y es a propósito. El núcleo de las dos plataformas es determinístico, código que hace siempre lo mismo y deja siempre el mismo rastro. Cuando lo que está en juego es no perder un plazo y poder probar cada paso, un modelo que improvisa es lo último que quieres en el centro. Lo que vale acá es que el cálculo de un plazo dé idéntico hoy y dentro de un año, y que la prueba sea imposible de alterar sin que se note. La inteligencia artificial entra donde sí suma valor, sobre todo en acelerar la puesta en marcha de una empresa nueva. Lo que sostiene el cumplimiento es el código determinístico que tiene debajo. Quien te venda "IA para cumplir la ley" como si el modelo fuera el corazón del asunto te está vendiendo justo el riesgo que deberías evitar.

Cumplir estas dos leyes, cada una en lo suyo, dejó de ser un acto que ocurre una vez y se volvió algo que se opera todos los días. Esa es la parte incómoda. La parte buena es que un proceso que se opera todos los días es exactamente lo que el software hace bien, llevar el reloj sin distraerse y guardar la prueba sin que nadie tenga que acordarse. Por eso dos de nuestras soluciones se llaman como lo que hacen, proteger los datos y gestionar las denuncias, y las dos parten del mismo lugar: el plazo que no se puede perder y la prueba que tienes que poder mostrar.

Fuentes

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